martes, 8 de junio de 2010

Unidad 2

UNIDAD II GENERALIDADES SOBRE LOS DIFERENTES MÉTODOS DE CONTROL DE INSECTOS PLAGAS.




2.1. Control legal jurídico.



El control legal esta fundamentado en el establecimiento y cumplimiento de diversas leyes, reglamentos, cuarentenas y normas oficiales que sirven para evitar la introducción de plagas extranjeras o bien impedir el incremento y la diseminación de las plagas existentes en un área determinada.

Esta es una de las medidas más importantes que pueden ayudar a reducir la incidencia de plagas en las hortalizas y algodonero, ya
que las labores culturales de post cosecha son obligatorias para todos los agricultores, misma que está estipuladas en el capitulo IV, articulo 48, inciso 7 del reglamento de la Ley de Sanidad Fitopecuaria (SARH, 1980). En la hortifloricultura Nacional y con fundamento en los Artículos 9, 12 Y 28 de la Ley Fitopecuaria de los Estados Unidos Mexicanos, la Dirección de Sanidad Vegetal de la SAGAR, con el fin de evitar el ingreso y la distribución de mosquita blanca B. argentifolii a otras regiones del país, así como para su control en áreas infectadas, establece acciones a seguir en la campaña y Norma Oficial Mexicana NOMM-027-Fito. 1995 (Valdés, 1995). La mayoría de las acciones estipuladas en esta norma oficial van dirigidas hacia el control cultural como la siembra en épocas adecuadas y la destrucción de residuos después de la cosecha. Varios investigadores han enfatizado la importancia que tiene la implementación oportuna y eficiente del control legal para reducir los problemas causados por gusano alfiler, dentro del cual destacan las medidas siguientes:



1. Siembras de tomate dentro de las épocas recomendadas para cada región.

Al considerar que los problemas más fuertes de gusanos alfiler ocurren principalmente en las siembras tardías, se debe concientizar a los productores para que se ajusten a los calendarios de la siembra comprendidos desde mediados de agosto hasta la segunda quincena de diciembre en el valle de Culiacán, Sin. El cumplimiento de esta medida evitará la presencia del cultivo de tomate de mayo a julio, con el cual se rompe el ciclo biológico del gusano alfiler y como resultado se reducen las infestaciones al inicio del próximo ciclo (Avilés, 1986; Gastélum et. al., 1993).



2. Destrucción oportuna de socas después de cosechar. La presencia de los primeros lotes de tomate abandonado coincide con los meses que favorecen el desarrollo del gusano alfiler, lo cual ocasiona que las poblaciones de este insecto se incrementen a niveles alarmantes y emigren a cultivares nuevos, establecidos en la segunda y tercer etapa, esto obliga al productor a depender exclusivamente de insecticidas. Para reducir este problema, después del último corte se deben arrancar manualmente las plantas de tomate, lo cual se puede hacer sin necesidad de retirar la madera y las mangueras y/o cintas de riego (Gastélum et. al., 1993). Si se justifica utilizar algún fumigante, este se puede aplicar a través del sistema de riego, para eliminar las plantas oportunamente y al mismo tiempo destruir los fitopatógenos del suelo.

Ambas medidas, también son efectivas para reducir los problemas causados por mosquita blanca Bemisia spp en tomate y el resto de las hortalizas que se cultivan en el estado de Sinaloa.



2.2. Control mecánico.



El control mecánico se basa en los principios de remoción y destrucción directa de los insectos para reducir las poblaciones.

Algunas de las ventajas de este método son que utiliza mano de obra, los costos del equipo son bajos y no presentan problemas de residuos de plaguicidas; sin embargo, rara vez es muy eficiente y normalmente requiere que su aplicación sea frecuente o continúa. Además, los altos costos de la mano de obra han hecho muy cara esta actividad como método de control, por lo que el control mecánico se ha hecho menos factible (NAS, 1993). Las principales medidas incluyen: la operación de maquinaria y operaciones manuales. En ocasiones estas medidas de control son difíciles de distinguir de las medidas culturales.



Operación con maquinaria. Este método se justifica cuando el nivel de infestación de una plaga es muy alto y la planta no es afectada por el peso del implemento agrícola, como es el caso del bolillo, implemento en forma de cilindro que se adapta a la toma de fuerza del tractor y se usa para desterronar, el cual se usa para destruir el gusano soldado en algodón y gusano cogollero.



2.3. Control cultural.



El control cultural es la reducción de poblaciones de insectos por medio de prácticas agrícolas que crean un ambiente desfavorable para las plagas; por lo tanto ejerce un control económico de las plagas, o al menos reduce su ritmo de aumento y la cantidad de daño. A menudo, los métodos de control cultural son económicos y confiables, aunque rara vez su eficacia es absoluta, y pueden requerir un largo periodo de planeación para obtener mayor beneficio. Tienen el propósito de prevenir el daño por insectos más bien que a subsanar la destrucción de una infestación existente. En general, este método se debe de emplear mucho antes de que el daño se haga aparente, y con frecuencia es difícil evaluar su eficiencia (NAS, 1993)

Aunque las prácticas culturales por si solas no pueden efectuar en forma satisfactoria un control completo de insectos, si son importantes para disminuir el daño y proteger la cosecha, por lo que se deben tomar en cuenta en todos los programas de control integrado.

Algunas veces, una ligera reducción de la población lograda mediante prácticas culturales retarda su crecimiento a niveles dañinos; en otros casos, si se hacen buenas prácticas culturales, el control adecuado de la plaga se puede lograr con menor dependencia de insecticidas (NAS, 1993).

La base para cualquier manejo de plagas lo constituye una adecuada atención técnica y una planeación del cultivo. Se deben manejar varias prácticas culturales para minimizar los daños causados por las plagas: como son: selección del campo; destrucción de hospederas silvestres en canales, drenes y lotes infestados adyacentes; fechas de siembra; utilización de plantas con resistencia genética; rotación de cultivos; riegos y eliminación de malezas hospederas (Valderrama et al., 1994).



Destrucción de hospedera silvestre muchas de las plagas se alimentan y reproducen en las malezas que crecen en los límites de los campos y más tarde infestan los cultivos adyacentes. Estas plantas proporcionan sitios ideales de hibernación para insectos que atacaran los cultivos en el siguiente ciclo. Por otro lado, estas malezas pueden albergar algunos patógenos de plantas y los insectos que las transmiten; por tanto, la limpieza de los bordes del campo es en general una deseable práctica de control cultural. Sin embargo, la presencia de estas plantas en la periferia de las parcelas también puede alojar insectos benéficos, como abejas nativas que son útiles en la polinización, parasitoides y depredadores que ayudan en el control biológico natural. La determinación de destruir estas plantas en una región especifica! dependerá del impacto que tengan ya sea corno malezas, si tienen plagas o "buenazas" si es que albergan insectos benéficos.

Los bordes limpios del campo ayudan a prevenir las infestaciones tempranas de la mosquita Contarinia sorghicola que daña sorgo, Sorghum vulgare; zacate sudan, S. sudanense; sorgo escobero, S. technicum, etc. La fuente más importante de infestación es el zacate Johnson S. halepense, dentro o a lo largo de las orillas de los campos, que sirve como huésped y lugar de invernación de larvas. Antes de la floración de sorgo, el zacate Johnson permite el desarrollo de una o dos generaciones de la mosquita, por lo que se recomienda eliminar esta maleza antes de que el cultivo inicie la floración.

En cultivos hortícola deben ser eliminadas las plantas silvestres hospederas y darles preferencia a las que son portadoras de enfermedades virales corno son: Datura stramonium L. varo Stramonium, Hibiscum esculentum, Sida sp. y Malanchra alceifolia; así como algunas cultivadas entre ellas Nicotiana glutinosa L., N. tabacum varo Samsurn, las cuales se encuentran presentes en las parcelas aledañas, periferia del cultivo y en el interior del lote. Esta práctica debe hacerse cuando menos 15 días antes de iniciar la siembra y/o el trasplante y durante todo el desarrollo del cultivo (Gastélum, 1998).

Para reducir el problema de gusano cogollero cuando se comporta corno barrenador de tallo en maíz se recomienda eliminar constantemente, mediante rastreas o aplicación de herbicidas, las plantas de maíz voluntarias y zacate Johnson que se desarrollan durante el verano, para evitar la infestación de las larvas en el terreno (Gastélum, 1999).

En áreas muy infestadas por picudo del chile A. eugenii es muy importante la destrucción de solanáceas silvestres tales corno chiquelite o hierba mora Solanum nigra y mala mujer S. rostratum, entre otras, que se desarrollan en la periferia de las parcelas, con el objeto de eliminar una buena parte de las poblaciones invernantes que ahi se establecen mantener el terreno libre de malezas durante el periodo de oviposici6n de adultos de gallina ciega Phyllophaga spp. reduce la incidencia de larvas y daños causados por esta plaga.



Métodos de control cultural

Fecha de siembra.

Labranza.

Fertilización.

Rotación de cultivo

Cultivos trampa y barreras vivas.

Cobertura vegetal y/o policultivo.

Entre otros.



Ventajas y desventajas del control cultural

Muchas medidas de control cultural están muy relacionadas con las prácticas normales de manejo del cultivo y, por lo tanto, no se requiere un gasto adicional en equipo para efectuar el control de insectos. Algunos métodos se han usado durante tanto tiempo que los técnicos y los agricultores se han olvidado de su derivación y la importante función que desempeñan en el control de insectos. Estas prácticas preventivas de control cultural se cuentan entre los métodos más sencillo y más baratos disponibles, porque normalmente se pueden llevar a cabo con las operaciones agronómicas usuales. La programación cuidadosa de la aplicación de estos sistemas para destruir las plagas de insectos en el punto débil de su ciclo vital, es la parte más esencial de la operación. Por lo tanto, los métodos de control cultural son ventajosos porque son eficaces y baratos. La razón primordial por la que se emplean poco las medidas de control cultural es que plantean la necesidad de aplicar métodos preventivos con bastante anticipación al daño real que causan los insectos. Por lo tanto, los agricultores pueden no aceptarlos, o si los adoptan puede que no los apliquen a su debido tiempo.

También se pueden resistir a utilizarlos porque no siempre proporcionan un control económico completo de las plagas de insectos. Al igual que algunos otros métodos de control, las prácticas culturales pueden ser eficaces contra un insecto, pero ineficaces contra otra especie íntimamente relacionada.

Es necesario comprender que los insectos son únicamente un solo factor, aunque muy importante, en la producción de un cultivo; por lo tanto, todas las prácticas culturales que se recomiendan deben ser compatibles con los otros métodos de control existentes, para que se puedan integrar en forma adecuada con las prácticas agronómicas probadas.



2.4. Control biológico.



El término de control biológico fue usado por primera vez por H. S. Smith en 1919 para referirse al uso de enemigos naturales, ya sea introducidos o manipulados, en el control de insectos plagas. Su alcance se ha extendido con el tiempo, a tal grado que ahora se presentan problemas para definirlo adecuadamente en particular porque el término tiene aspectos académicos y aplicados (Wilson y Huffaker, 1976). La premisa del control biológico descansa en que bajo ciertas condiciones, muchas poblaciones de organismos son llevadas a bajas densidades por sus enemigos naturales. Este efecto se origina de la interacción de ambas poblaciones, en este caso plaga y enemigo natural, lo cual implica una supresión de tipo densidad- dependiente, que se traduce como el mantenimiento de ambas poblaciones en equilibrio (Huffaker, 1985). Bajo este concepto la población del enemigo natural depende a su vez de la población de la plaga, es decir, la interacción de las poblaciones significa una regulación y no un control (Summy y Fresh, 1988; Rodríguez del Bosque, 1991).



Control biológico natural.

Algunos autores mencionan que sería muy difícil producir cosechas en muchas regiones del mundo sin los enemigos naturales de las plagas insectiles, dentro de los que destacan parasitoides, depredadores y entomopatógenos que generalmente mantienen bajas las poblaciones de insectos fitófagos. Por ejemplo en Nueva Jersey, EE.UU. de aproximadamente 10,000 especies de insectos, se descubrió que el 28% se alimentaban de los otros insectos.



Clases de control biológico

Los diversos agentes de control biológico pueden ser usados de diferentes maneras para el control de las plagas agrícolas. Así, las características biológicas de los agentes de control determinan la estrategia a seguir (Greathead y Waage, 1983). Básicamente se pueden distinguir tres formas o clases de control biológico: por conservación, por introducción y por incremento (Anónimo, 1990; Trujillo, 1991).



Control biológico por conservación.

El primer paso consiste en conservar, promover la actividad, sobre vivencia y reproducción de los enemigos nativos (o ya presentes en un cultivo), a fin de incrementar su impacto sobre las plagas (Anónimo, 1990). En este sentido, la conservación de los entomófagos va dirigida preferentemente contra plagas endémicas; no obstante, también incluye el mejoramiento de las posibilidades de establecimiento de especies introducidas para el control biológico de plagas exóticas, o incrementar la eficiencia de especies criadas masivamente en el laboratorio (Trujillo, 1991). Para lograr mejores resultados, se requiere conocer cuales especies están presentes, que plagas atacan y cuáles lo hacen mejor; en función de esta información, se pueden escoger las formas de protegerlos y ayudarlos (Anónimo, 1991).



Control biológico por introducción.

Si no hay enemigos naturales que efectivamente controlen la plaga, entonces se puede considerar la introducción y establecimiento de nuevas especies. Esta forma de control también se le llama control biológico clásico, es usada más frecuentemente en el control de plagas exóticas, que se supone que llegan a una nueva área sin factores naturales de control (Greathead y Waage, 1983). Sin embargo, también se pueden usar en el control de plagas nativas que carecen de enemigos naturales efectivos ( Stehr, 1975; Greathead y Waage, 1983). En otros casos exitosos, esta forma de control biológico puede reducir a las plagas por debajo de los umbrales económicos de manera indefinida (Greathead y Waage, 1983).



Control biológico por incremento.

Cuando los enemigos naturales nativos o introducidos fallan en controlar a las plagas, no obstante los esfuerzos de conservación o introducción, se puede recurrir al incremento, es decir, a la cría masiva, liberación inoculativa o inundativa de los enemigos naturales. Debido a que esta forma de control biológico puede ser más cara que las otras, solo se deberá recurrir a ella si las otras formas de control biológico son ineficientes (de Bach y Hagen, 1968, Anónimo, 1990). Sin embargo, se requiere que sea competitiva en términos económicos, particularmente con el control químico (Greathead y Waage, 1983).



Control biológico aplicado

Se considera al control biológico aplicado o inducido, como la destrucción de insectos indeseables, así como de otros animales y plantas, mediante la introducción, incremento artificial y liberación de sus enemigos naturales tales como parasitoides, depredadores y entomopatógenos. Los principales logros en control biológico aplicado en Latinoamérica han sido contra la mosca prieta de los cítricos Aleurocanthus woglumi Ashby en mesoamérica; el barrenador de la caña de azúcar Diatraea saccharalis (F) en Cuba, Perú, Brasil y el Caribe; la escama algodonosa Icerya purchasi en casi todos los países; el pulgón lanígero del manzano Eriosoma lanigerum en Uruguay, Chile y Argentina, por mencionar algunos casos (Altieri et al., 1988).

En México, el método de control biológico de insectos despertó el interés de los especialistas desde el siglo pasado, fue hasta 1940 cuando se realizaron trabajos más decididos con la introducción de Aphelinus mali (Haldeman) para el control del pulgón lanigero del manzano E. lanigerum en Coahuila. En 1942 se hizo el primer intento para el control biológico de la mosca prieta de los cítricos A. woglumi en Eldorado, Sinaloa, y fue entre 1949 y 1950 en que el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos y la entonces Dirección de Defensa Agrícola de México llevaron a cabo un programa para la introducción de enemigos naturales desde la India con resultados espectaculares contra esta plaga. Desde 1963 hasta la fecha se cría al parasitoide Trichogramma spp. en centros de cría localizados en varios estados de la república mexicana.

Chávez et al. (1994) hicieron ocho liberaciones de Trichogramma sp en el cultivo de tomate y obtuvieron 78.7% de parasitismo en huevecillos de gusano del fruto; el nivel de daño de frutos cosechados fue de 0.16%. Liberaciones semanales de 12,000 avispitas de Trichogramma spp por hectárea causaron un parasitismo de huevecillos de Heliothis spp. que osciló entre 18.1 y 71.4%



Ventajas y desventajas del control biológico

El control biológico cuando funciona posee muchas ventajas, entre las que se pueden citar:

a) poco o ningún efecto nocivo colateral de los enemigos naturales hacia algunos otros organismos, incluido al hombre;

b) la resistencia de las plagas al control biológico es muy rara; c) el control es relativamente a largo término, con frecuencia permanente;

d) el tratamiento con insecticidas es eliminado por completo, o de manera sustancial;

e) la relación costo beneficio es muy favorable;

f) evita plagas secundarias;

g) no existen problemas de intoxicaciones;

h) es compatible con el MIP.

Entre las principales limitaciones se tienen:

a) ignorancia sobre los principios del método:

b) falta de apoyo económico y de personal especializado;

c) no está disponible en la mayoría de los casos,

d) problemas con umbrales económicos muy bajos;

e) no todas las especies de plagas dentro de un complejo son atacadas efectivamente por los enemigos naturales,

f) la gran mayoría de los enemigos naturales son más susceptibles a los plaguicidas que las plagas;

g) los enemigos naturales se incrementan lentamente en comparación con las plagas que atacan, por lo cual no proveen la supresión inmediata de la plaga. Esto significa que los resultados no son tan espectaculares, y por lo mismo se presenta temor por parte del agricultor de perder la cosecha (Barrera, 1998).

La introducción de agentes de control biológico frecuentemente se declara por ser ambientalmente segura y sin riesgo, sin embargo, existen evidencias que indican que esta aseveración no es del todo cierta, tál como recientemente lo revisa y discute Howarth (1983,1991).

Según Funasaki et al. (1988) en casi cien años (1890-1985) de control biológico en Hawai, se han introducido 679 especies para el control de insectos, malezas y otros organismos; de 243 que se establecieron, el 8.2% (20 casos) se han reportado atacando especies nativas hacia las cuales no iba dirigido el control, incluso un 7% (17 casos) atacando organismos benéficos. La mayoría de estos errores se cometieron por falta de planeación y deficiente evaluación de los enemigos naturales antes de su introducción. Los errores han sido funestos, como por ejemplo el pájaro Myna, ya que ciertas introducciones se han visto implicadas en la extinción de ciertos organismos. En la actualidad se reconoce que algún riesgo es inherente en los programas de control biológico, como en cualquier otra estrategia de control.

En general se han reportado en los últimos años un 40% de éxitos de control biológico de insectos en tanto que para malezas este porcentaje fue de 31% Waage y Greathead, 1988). Estos datos indican que el control biológico no ha demostrado ser la panacea en el control de plagas, y que los éxitos obtenidos no son más que la punta del iceberg del trabajo que se ha hecho en el campo. En las últimas décadas se aprecia que el número de éxitos completos se está incrementando, lo cual es un reflejo del conocimiento que se ha generado con relación a los procesos ecológicos y a un sólida experiencia empírica, de tal manera que se puede decir que la disciplina esta madurando (Hokkanen, 1985).



2.5. Control etológico



El principio de este método de control consiste en modificar el comportamiento de los insectos, lo cual se puede lograr mediante feromonas, colores, etc.



Uso de feromonas

En el mundo insectil, los sentidos del gusto y del olfato son mucho más importantes en registrar información que otros sentidos. Los insectos son "bombardeados" repetidamente con señales químicas que dan información acerca del alimento, sitio de oviposición, localización de la presa, detección de la pareja adecuada, etc. Muchas de estas señales producen una respuesta conductual rápida y específica (Cibrian, 1992).

Las feromonas son substancias secretadas por un animal y causan una reacción específica en un individuo receptor de la misma especie. Existen diversos tipos de feromonas que se clasifican según su función: de alarma, marca senderos, de marcaje, de agregación y sexuales. Estas dos últimas son las más utilizadas comercialmente en la actualidad, debido que son cruciales en el ciclo biológico del insecto.



Según Tamaki (1985) en protección de cultivos, las feromonas sexuales pueden ser empleadas para:



a) Detección y monitoreo;

b) Trampeo masivo y;

c) Interrupción del apareamiento.



Detección y monitoreo. Consiste en determinar la presencia y /o ausencia, cantidad y distribución de los insectos en un área definida. La distribución de trampas en una zona permite definir las áreas en las cuales las plagas están presentes y hacer estimaciones de riesgos futuros, con el fin de tomar con anticipación medidas adecuadas de control. En particular, es en este último caso donde las feromonas sexuales ofrecen un potencial amplio de uso. Sin embargo, aún se requiere investigación adicional para validar la relación entre el número de insectos capturados en las trampas, con el número esperado de larvas en las generaciones siguientes y por consiguiente en el nivel de daño del cultivo. En otros casos, el trampeo con feromonas permite evaluar la eficiencia de la aplicación de algún insecticida, lo cual se logra al comparar la población de adultos existentes antes y después del tratamiento. También se emplean para hacer estudios de monitoreo de resistencia a insecticidas, con insectos adultos. Por último, también son útiles para determinar la eficiencia de la técnica de interrupción del apareamiento, cuando se usan como método de control en forma extensiva. A diferencia de los insecticidas convencionales que pueden obtenerse casi en cualquier lugar, las feromonas sexuales son importadas en su totalidad del extranjero, situación que dificulta su adquisición y eleva los costos. No obstante, en la actualidad se pueden conseguir en el mercado nacional y regional, cebos con feromonas sexuales para el monitoreo de gusano rosado P. gossipyella, gusano alfiler K. lycopersicella (TPW), palomilla de la papa Phthorimaea operculella, gusano del fruto Heliothis spp., gusano cogollero S. frugiperda (FAW) gusano soldado S. exigua (BAW), palomilla dorso de diamante Plutella xylostella, barrenadores del tallo de la caña de azúcar Didtraea spp., etc. De la misma manera, también se pueden conseguir feromonas de agregación para picudo del algodón A. grandis y picudo del chile A. eugenii. Trampeo masivo. La intención de esta metodología es capturar una especie plaga selectivamente para disminuir su población a niveles bajos en los que no cause daño. Este método de control está limitado a insectos que tiene ciertos patrones de conducta y que responden fácilmente los atrayentes. El rango de aplicación está restringido la protección de cultivos donde el uso de insecticidas es difícil. Recientemente López et al. (2000) diseñaron trampas con envases vacíos de agroquímicos cebadas con melaza como atrayente alimenticio y con la feromona sexual (BAW) especifica para gusano soldado S. exigua, mismas que fueron colocadas en la periferia de pequeñas parcelas (4 ha) cultivadas de tomate y fríjol vigna, y capturaron altas cantidades de palomillas de dicha especie, al mismo tiempo que redujeron notablemente los daños causados por la plaga, a pesar de que no se hicieron aplicaciones de insecticidas. En este caso se utilizó el mismo cebo con la feromona sexual empleado para la detección y monitoreo.



Interrupción del apareamiento. La aplicación de esta técnica comprende la distribución extensiva de fuentes puntuales de feromona sintética en el cultivo, situación que da como resultado que los insectos sean incapaces de localizar a su pareja y el apareamiento sea reducido o eliminado. Los mecanismos fisiológicos y de comportamiento responsables de esta interrupción aún no se han esclarecido totalmente, aunque los éxitos obtenidos con P. gossypiella y K. lycopersicella han sido muy notables. En el valle de Culiacán, Sinaloa en el ciclo agrícola 1981-1982 y bajo la supervisión de Sanidad Vegetal se trataron 600 has de tomate de vara con la feromonas sexuales en dosis de 10 g IA. /ha y se compararon con 180 has tratadas con pesticidas. Los resultados demostraron que por cada aplicación de feromonas sustituye 2.5 aplicaciones de insecticidas; el porcentaje más alto de frutos infestados en campos tratados con feromonas fue de 1.2%, y en los no tratados 5.4% (Jenkins et. al., 1988).

Jiménez et al. (1988), reportaron el 26% de frutos dañados por K. lycopersicella en campos sin feromonas, mientras que en parcelas tratadas con estas el valor no excedió al 5%. En un trabajo realizado en el valle de Culiacán, Sin. donde se aplicaron fibras con feromonas sexuales para el control del gusano alfiler en tomate, de reportó que hasta antes de la aplicación hubo un promedio de 22 p/t/n; sin embargo, en los muestreos realizados hasta 24 días después del tratamiento, la población descendió a menos de 1.0 p/t/n, y la máxima infestación de frutos dañados fue de 1.2% (Gastélum et. al., 1991). En otro ensayo con feromonas para el control del gusano alfiler del tomate, se encontró que en los primeros 42 días de aplicada la feromona la población no rebasó la 3.0 p/t/n, en tanto que los daños en los frutos no excedieron al 5% (Gastélum et. al., 1993. Los dispositivos que se utilizan para liberar la feromona al ambiente deben hacerlo en forma paulatina y permitir la emisión de las substancias volátiles de una manera similar a la efectuada por la hembra. En el mercado Nacional y regional existen diversas formulaciones de feromonas sexuales para ser utilizadas mediante esta técnica, las más comunes son: fibras, micro cápsulas, tubos de polietileno, hojuelas laminadas, anillos, aretes, líquidas, etc., mismas que son comercializadas con diferentes marcas. La residualidad en el campo depende principalmente de la formulación y temperatura. Uno de los requisitos de la técnica de confusión es que su aplicación debe hacerse en grandes áreas o zonas aisladas, ya que la emigración e inmigración puede enmascarar los resultados. La contribución de las feromonas sexuales y otros semioquímicos en el control de insectos es modesta en comparación con la hecha por los insecticidas. No obstante, estas substancias modificadoras del comportamiento insectil son elementos valiosos que son compatibles con el resto de los métodos de control que están a disposición del entomólogo para el manejo de plagas agrícolas (Cibrian, 1993).



2.5. Control químico.



Los insecticidas son substancias que matan insectos por medio de diferentes reacciones bioquímicas; pueden actuar como estomacales, de contacto o como fumigantes. Metcalf (1990) señala que estos productos son la más valiosa de las herramientas de que se dispone para el manejo de plagas; son muy eficaces, ponen bajo control altas poblaciones de insectos en forma rápida, su uso se adapta a la mayoría de la situaciones, son flexibles para ajustarse a las cambiantes condiciones agronómicas y ecológicas por lo que se utilizan cuando se desean, y son relativamente económicos. Los insecticidas son el único instrumento de control de plagas que es confiable para acciones de emergencia cuando las poblaciones de las plagas se aproximan o rebasan el umbral económico.

Uno de los resultados de la dependencia de insecticidas ha sido el desarrollo de resistencia a estos productos, por muchas especies de plagas insectiles, por lo que ha sido necesario el incremento de cantidades de insecticidas para el control adecuado. Existen muchas formas de resistencia; sin embargo, el fenómeno de resistencia es básicamente el resultado de la selección genética; los individuos que sobreviven a la exposición repetida de un insecticida, transfieren la resistencia a sus descendientes (resistencia química, física, de comportamiento, etc.). Las generaciones posteriores cuando se exponen a aplicaciones del mismo insecticida, tienen más sobrevivientes y de esta manera se han desarrollado especies de plagas resistentes. Algunas de las soluciones a esta resistencia es el incremento de dosis o al número de aplicaciones, lo cual es muy costoso; otra posibilidad es el cambio a otro insecticida de diferente grupo toxicólogo. Otra consecuencia de la dependencia de plaguicidas son los residuos peligrosos, que generalmente se traslocan a través del suelo y eventualmente se depositan en corrientes de agua, lagos, etc. Los estudios de cadenas alimenticias demuestran que los residuos de algunos plaguicidas, especialmente organoclorados del grupo del DDT, se concentran en cada eslabón de la cadena; por lo tanto, grandes cantidades de aves y de otros organismos pueden ser afectados por estos residuos. Por otra parte, muchos parasitoides y depredadores se eliminan innecesariamente y por esta razón, algunos insectos que anteriormente eran inofensivos, pueden llegar a ser plagas importantes.

Otros impactos ecológicos causados por el mal uso de insecticidas es el resurgimiento de plagas secundarias, los efectos adversos sobre la fauna benéfica, la presencia de residuos peligrosos en los productos alimenticios y los riesgos directos para quienes los aplican. El uso inapropiado de insecticidas ha sido uno de los factores principales para que aumente el interés por el manejo de plagas y, de hecho, en ese concepto de busca elevar al máximo las ventajas de su empleo a la vez que se reducen al mínimo sus desventajas El papel de los insecticidas en el manejo integrado de plagas

El manejo de insecticidas para mejorar la seguridad y la salud humana debe ser un aspecto prioritario de los programas de manejo de plagas. Lo anterior implica que se debe sustituir la práctica común de hacer aplicaciones calendarizadas con insecticidas rutinarios de uso actual, por aplicaciones de tipo cuando de necesite". Por otro lado, se debe reconocer que no es necesario un 100% de control de la mayoría de las plagas entomológicas para evitar las pérdidas económicas.

La práctica actual del manejo de plagas a gran escala demanda un conocimiento y técnicas entomológicas más avanzadas, entre los que cabe mencionar un conocimiento más detallado de las propiedades de los químicos.

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